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27 jun. 2011

decisiones de un lunes

Los lunes son esos días en los que todo el mundo se propone cambiar sus vidas, es el día en el que va a empezar su dieta, el que va a ir al gimnasio o el que va a dejar de fumar, pero ese día nunca llega. La verdad no llega porque no se quiere que llegue, es tan sencillo como hacerlo, simplemente, te levantas pronto te vas a la universidad, y sabes, pronosticas, que el  día de hoy lo vas a borrar muy difícilmente de tu cabeza. El día como otro cualquiera, la hora, qué más da, antes o después, pero el momento tenía que llegar. Y llego. Descuelgas tus cuadros, metes tus sabanas negras en una bolsa, encoges tus alas, y esperas que tu madre, te acoja bajo las suyas. Por el suelo queda todo lo que eres, todo lo que siempre fuiste, y no te importa. Por el camino siempre se pierden cosas y se encuentran cosas nuevas. Pero claro, no es lo mismo perder un calcetín en una mudanza que un brazo en un accidente  por meter la mano en una batidora industrial, el calcetín se pierde, pero el brazo nadie te obliga a meterlo. Y duele, vamos que si duele… y más si ves como tu brazo se despieza entre harina y sangre.

Y ahora, manco ¿qué vas a hacer? Los brazos no crecen y los ortopédicos no pueden darte las mismas posibilidades,  pues vaya…  demasiado tarde para todo, pero bueno al menos has aprendido a no meter las manos donde te las puedan cortar, al menos sabes que la culpa es tuya.

Tu mudanza tiene que seguir, pero no solo te mudas de habitación, de casa y de ciudad, te mudas de vida, te mudas de pasado, te mudas de ti. Te das un baño que quita toda la mierda que tienes, o que eres, estas en remojo mucho tiempo. Y una llamada te hace salir. Camino a… ¿qué?

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