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17 nov. 2011

maldito reloj



Ellos se llamaban por teléfono, cada uno tumbado en su cama, de repente los dos se incorporaron como si se hubieran puesto de acuerdo y se estuvieran mirando. El escenario se convirtió en una especie de pantalla partida de televisión en la que se ve a las dos personas separadas por una línea blanca, como si se estuvieran mirando a los ojos. La línea se iba difuminando más y más y las habitaciones se estaban fusionando lentamente. Los teléfonos habían desaparecido y sólo quedaban ellos mirándose fijamente y acercándose como por efecto informático. Estaban tan tan cerca y había tal atracción entre ellos que se fundieron en su primer beso de amor. Juntos se tumbaron en la cama, semi-desnudos, justo en ese momento desperté.

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