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25 oct. 2012

Amanecer atardeciendo


El final de un día, no es más que el principio de otro.





Asomado a la ventana un rayo de sol iluminaba su cara, no sería algo que destacar si no fuera porque pertenecía a uno de los países más fríos del planeta. Miraba como los coches circulaban aun  con las luces encendidas a pesar de que se estaba haciendo de día.  Desde su ventana podía ver como subía y bajaba el precio de la gasolina cada mañana, o como la lluvia inundaba cada uno de los días que iba amaneciendo en esta “ciudad”.

La oscuridad se hacía cada vez más con el lugar, pues jamás había visto anochecer tan temprano, esa oscuridad que pronto resaltaría con la blanca nieve invernal que lo inundaría todo. El frio de este país cambia a las personas, sus ilusiones, su actitud, su manera de afrontar las cosas, la realidad. Pero lo que no se ve es que es una prueba de fuego, aparecer aquí es duro, es demasiado duro. Cualquiera preferiría estar en la playa tomando una cerveza fresca y observando como la gente no tiene de que preocuparse. Aquí en su lugar puedes tomarte una taza de té, café, o sopa caliente en lo que observas desde la ventana como las hojas caen de los arboles tiñéndolo todo de un increíble y alucinante color. Lástima que no tuviera su cámara….

Este país es diferente, este país merece ser aprovechado, pues la oscuridad no puede inundarnos por dentro, y menos a él, siempre tuvo fuerzas para seguir adelante. Si él quiere, siempre saldrá el sol.

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