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2 oct. 2012

Tormentas tropicales


Miraba como diluviaba por la ventana, sus ojos azules, tan azules como el mar a la orilla de su hogar, como el mar, como el mar que a veces tocaba los cimientos de su casa en esa playa. La playa que le vio nacer y crecer, la playa que le dio su primer beso, la playa que vio como partía a buscarse la vida, la misma playa que vio como regresaba vestido de éxito. La playa que le unió a ella de por vida, la misma playa que se la llevo para siempre…

Salió, y en menos de un segundo estaba completamente empapado, se quito los zapatos, eran buenos, le habían costado una pequeña fortuna, pero… que más daba, se estaban mojando por la lluvia. Introdujo los pies en el frio agua del Atlántico, y poco a poco fue adentrándose en él, del mismo modo que esa tormenta se adentraba en su cabeza. Empezó a llorar, sus lágrimas se confundían una vez más con las gotas de agua sobre su cara, esto ya le había pasado antes, pero siempre en la ducha en la intimidad de su baño. Ahora había salido, necesitaba que la gente pudiera ver su desgracia, necesitaba salir de esa casa en la playa. Pero no era el momento, no, no lo era, fuera sólo la soledad podía verle. Sólo ella podía ayudarle, pero nunca lo hizo.

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